Los sueños son como un mundo alterno, paralelo, inescrutable. Una realidad distinta, inasible, donde también puedes realizar de manera natural actividades comunes y corrientes, como interactuar, mirar, respirar, caminar o incluso planificar proyectos a futuro. En la profusión de ese estado casi hipnótico puedes ver y hacer hasta el mínimo detalle. Ese otro mundo empieza a existir cuando se da paso a lo onírico. En el trayecto al trabajo, al rememorar, de pronto, me veo en una tarde soleada en la plaza de armas.
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